• La joven Zahira Alejandra Mesa, ganadora del III Certamen de Microrrelatos de JJNN

    Zahira Alejandra Mesa Mejía ha sido premiada con una tablet por Juventudes Navarras tras proclamarse vencedora de la tercera edición del Certamen de Microrrelatos que la asociación juvenil organiza bajo el título ‘Navarra en pocas palabras’.

    El texto de la joven de 24 años fue seleccionado por un jurado, compuesto por personas vinculadas al mundo de la cultura, de entre los casi setenta textos presentados al concurso. El microrrelato ganador lleva por título ‘Al atardecer’.

    La joven, natural y residente en Bogotá (Colombia), ha explicado que la inspiración le vino de un viaje que realizó a la Comunidad Foral, cuando “estuve visitando a un familiar y quedé enamorada de Navarra y sus gentes”. “Me encantaría volver y conocer la fiesta de San Fermín, porque me han hablado mucho y muy bien de ella”, ha expresado la joven.

    Cabe destacar que, en esta edición, catorce de los microrrelatos presentados pertenecían a jóvenes residentes fuera del territorio nacional que se han hecho eco del certamen a través de internet.

    El presidente de Juventudes Navarras, Nacho Igea, ha manifestado que “éste es el tercer año que nuestra asociación organiza este concurso para conmemorar el Día de Navarra, con el que, además, pretendemos fomentar e impulsar la cultura, la imaginación y la creatividad entre los jóvenes, con la única condición de que Navarra debe aparecer en sus textos. Estamos muy contentos con la respuesta que está obteniendo, año tras año duplicamos el número de participantes y ya traspasamos fronteras”, ha concluido Igea.

    Al atardecer

    Desde el Monte Ezcaba la vista era inigualable, el viento estaba tranquilo, y la puesta de sol, se reflejaba sobre mis ojos. Y a pesar de tanta belleza frente a mí, no podía pensar en algo diferente, sólo podía pensar en él. Prometió con su mano derecha sobre la boca, dando un beso escandaloso, que estaría ahí junto a mí, que yo no era una noche apasionada nada más. Pero pasaron dos horas, y el cielo ya no daba tonos naranjas, el sol ya no estaba. Y Joaquín no aparecía por mi derecha, ni por mi izquierda.

    Al final de todo si era una noche casual, no importó el largo viaje que tuve que hacer, o la caminata para llegar a la cima del monte. Éramos sólo aquellos árboles y yo, fundidos bajo las estrellas. Que podía esperar, si además de esperarlo dos horas, llevaba dos años intentando olvidarlo

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