
Fermín Alonso el lunes, 25 de agosto de 2008:
Querida Tere
Ay; Tere, te nos has ido por traición, sin darnos tiempo a decir nada, como suelen ser estos casos. La última vez que te vi, salíamos los dos de la sede y ni siquiera nos despedimos; íbamos cada uno hablando por nuestro teléfono. Ese teléfono que a veces no comprendías, que a veces no te dejaba mandar mensajes a todo el grupo y al que muchas veces no te mandábamos el recibí.
Encima me pillaste lejos de Pamplona, sin dejar siquiera que me comiera las uñas en los pasillos del hospital. Seguro que me hubieras dicho “tranquilo bonito, tú pásalo bien estos días, aprovecha”. Porque me tratabas así, siempre me decías bonito, nunca Fermín (“Fermín, bonito”, como mucho o “Ferminiki, bonito” después de Polonia), porque Paz y tú erais mis mamás municipales.
Y por eso te enfadaste cuando me dio una pastilla un día que estaba atacado. Y no hacías más que mirarme para ver si en algún momento se me paraba el corazón o algo así. Y yo te ponía más nerviosa, poniendo cara de mareado o haciendo como que medía mis pulsaciones. Y luego, con toda la naturalidad del mundo, se lo contaste a Yolanda, mientras Paz y yo nos escondíamos debajo de la mesa. ¡Eso no se hace, Tere!
Además, tú también te ponías nerviosa a veces, como cuando ibas a intervenir en pleno, aunque luego lo hicieras fenomenal y no te temblara en ningún momento la voz. O cuando te tocaba casar (cosa que hacías muchísimo, la que más de todo el grupo), que te encantaba. De hecho me contó una funcionaria que una vez aceptaste retrasar una boda más de media hora porque uno de los testigos se había dejado un pequeño discurso. Ellos estaban ilusionados y a ti no te importó absolutamente nada esperar 30 minutos más para terminar una de esas jornadas de sábado que siempre te tocaban.
Me acuerdo de tus cuadros para repartir las entradas que tenía el grupo y de cómo siempre eras la última en elegir aunque muchas veces te quedaras sin ir al espectáculo que querías.
Y de aquella bronca que me echaste cuando me tocó hablar de memoria histórica en pleno. Yo no quería entrar en el fondo de la cuestión porque no entendía que se hablaran de conflictos abiertos 70 años después y tú no hacías más que decirme que recordara al resto de partidos había matarifes en el bando republicano. Porque te tocó muy cerca.
Sabías que no estamos en el Ayuntamiento solo para hacer rebajes en las aceras, sino que debemos defender unas ideas, unos valores. Por eso te involucrabas tanto en el partido, por eso te preocupabas tanto por nuestros afiliados (más que nadie) y por eso trabajabas tanto en campaña. No te preocupes, dejé bien claro a Txema después del pleno que la Guerra Civil no fue tan blanca y negra como él la pintaba.
Él te eligió en la entrevista del diario como la más divertida o con la que se iría de juerga o con quien bailaría... qué sé yo. Le habían dicho que eras la más divertida y tenían razón. Qué cenas nos preparabas en tu finca, perdón, en tu parcela.
Envidiaba tu naturalidad y así se lo explicaba a todo el mundo. Como cuando en el viaje a Torun deprimías a todos los periodistas diciendo lo mal que lo pasaste en el anterior viaje (pero ahí estabas pese a todo una vez más); y cómo cuando en a la vuelta un periodista habló de la moral distraida de las polacas, tú interveniste como quien no quería la cosa diciendo que seguro que eran extranjeras (inglesas, posiblemente) porque sabías que el conductor, que estaba escuchando, entendía el español.
Siempre cuidando que quedáramos bien. Siempre recordándonos los actos de cada semana y nuestra obligación de acudir. ¡Pesada! Me acuerdo de que cómo al principio te pedía consejo sobre qué ponerme en cada acto. ¡Estaba muy perdido!
Y de cómo me decías que tenía que saber que la política es algo temporal y que no me apalanque. Lo tengo muy en cuenta, Tere, muchas gracias. Ese mismo miedo tenías por Pablo. Me lo explicaste cuando te avisé de que le iba a pedir que nos acompañara en el Comité Local de Juventudes (cómo no iba a pedirle permiso a su madre antes de preguntárselo a él). Pero tranquila, le has enseñado bien; es inteligente. Y comprometido. Has criado unos hijos extraordinarios. Y vamos a estar a su lado. Como tú has estado al mío. Gracias, Tere.
P.D. Podía hablar del genial viaje a Torun, del de Bruselas con los cubanos, de todo lo que me enseñaste sobre toros, de cómo a la salida de la última Junta de Gobierno que compartimos nos decías lo contenta que estabas por poder haber ido al duelo entre Morante y José Tomás; y de las broncas por cómo funcionan los taxis; por las multas, por la importancia de los detalles más tontos... A las 12 del miercoles nos mandaste tu último mensaje de coordinadora. Un abrazo para ti también.